T-26: los pasos de un carro soviético en España

El T-26 ya es un viejo conocido World of Tanks, como carro ligero soviético de nivel II. Este vehículo blindado, desarrollado sobre la base del Vickers Mk. E del Reino Unido a principios de los años 30, cruzó el continente europeo de extremo a extremo para combatir en ambos bandos de la guerra civil española (1936-39). Hoy os contamos su historia en este artículo que compartimos con la comunidad española.

Los soviéticos empezaron a planear la construcción de este vehículo a finales de los años 20, ante la necesidad de contar con un blindado que apoyara a la infantería. Las primeras versiones del T-26 estaban armadas con dos torretas, con una ametralladora cada una. Más adelante, se le añadió un cañón de 37 mm y, finalmente, en 1933, uno de 45 mm en una única torreta.

Su velocidad máxima superaba los 28 km/h, adecuada para las labores de apoyo a la infantería. Pese a denominarse carro ligero, era tres toneladas más pesado que su predecesor británico, el T-26B1. Su autonomía superaba los 200 km.


Foto: Museo militar de Valencia

El desembarco en España

Con el estallido de la guerra civil española, en julio de 1936, ambos bandos trataron de conseguir el mayor apoyo internacional posible. La Unión Soviética no tardó en prestar su apoyo a los republicanos, y fue así como el primer cargamento de carros de combate T-26 desembarcó en el puerto de Cartagena el 16 de octubre de 1936.

La URSS suministró en total cerca de 300 unidades de T-26 a las Fuerzas Armadas de la Segunda República española durante el conflicto, y lo hizo en cuatro fases: en la primera, de octubre a noviembre de 1936, llegaron 106. En la segunda, en marzo de 1937, arribaron otros 100. En la tercera entrega, en mayo de 1937, solo hubo 50. Los últimos 25 llegaron en marzo de 1938.

En un principio estos carros venían con su tripulación soviética, pero el teniente coronel Krivoshéin montó un centro de formación para enseñar a manejarlo a los conductores españoles (de autobuses y camiones principalmente). Los T-26 entraron por primera vez en combate en España en la batalla de Seseña, en la que un batallón de 15 carros T-26 republicanos atacó a una unidad de sublevados que avanzaba hacia Madrid.

Foto: Museo militar de Valencia

Capturas por 3000 pesetas

Aunque la batalla de Seseña no consiguió frenar el avance sublevado hacia la capital española, los sublevados comprobaron la superioridad del T-26 frente a los Panzer I alemanes y las tanquetas italianas de los que ellos disponían. Pocos meses después, en la batalla de Guadalajara (marzo de 1937), los T-26 consiguieron destruir por completo las fuerzas blindadas del bando enemigo, formadas principalmente por CV-33 y tanquetas italianas.

Más adelante, estos vehículos se organizaron en la Brigada de Carros de Combate y combatieron en otras batallas del frente del centro, como la de Brunete (julio de 1937), que fue el mayor enfrentamiento de blindados de la guerra civil española.

El bando sublevado se dio cuenta de la superioridad en combate que el T-26 otorgaba a sus enemigos, y empezaron a ofrecer recompensas a quienes los capturaran, cuya cuantía oscila entre las 500 y las 3000 pesetas según las fuentes consultadas. Fue así como este carro de combate empezó a combatir para los dos bandos. Los sublevados identificaban los ejemplares en su poder pintando la bandera de España en la torreta. Al finalizar la guerra, el gobierno franquista mantuvo los ejemplares capturados, que prestaron servicio hasta la década de los años 50.

Hoy en día, se pueden encontrar ejemplares de T-26 en muchos puntos de España: el museo militar de Valencia, donde se han tomado las fotos que acompañan este artículo, el acuartelamiento del Goloso (Madrid), la base militar «El Empecinado» de Cabezón de Pisuerga (Valladolid), el PCMAYMA de Valladolid, la General Menacho de Badajoz, la academia Militar de Zaragoza, la academia General Básica de Suboficiales de Talarn (Lleida), la academia de Toledo y la base de Cartagena.

El ejemplar que se expone en el museo militar de Valencia fue además utilizado en la comedia cinematográfica La vaquilla, dirigida por Luis García Berlanga y estrenada en 1985.

Fuentes

 

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