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Centenario de los carros de combate: la profecía de los acorazados terrestres

«En aquella trémula palidez parecía un enorme insecto, torpe y negro, un insecto del tamaño de un crucero acorazado, que reptaba hacia la primera línea de trincheras en diagonal disparando por sus portillas traseras. En su coraza, las balas parecían impactar con una violencia más intensa que el granizo cuando cae sobre un techo de hojalata».

El autor británico Herbert Wells escribió este texto en 1903, trece años antes de que los primeros vehículos blindados rodasen sobre el río Somme. Los ingenieros militares se inspiraron en su imaginación y visión para desarrollar vehículos blindados equipados con cañones, que cambiarían de forma significativa las contiendas modernas. Esta historia profética se llama The Land Ironclads (Los acorazados terrestres).

Vehículos utilizados por urbanitas enclenques

Wells describía una guerra abstracta entre campesinos (cazadores, granjeros y jinetes entrenados) y sus agresores urbanos. Los urbanitas superaban a la población rural en cuestiones culturales y tecnológicas. Uno de los protagonistas, un joven teniente campesino decía irónicamente sobre los habitantes de la ciudad: «Son una pandilla de urbanitas enclenques, ese es el fondo de la cuestión. Oficinistas, empleados de fábrica, estudiantes... hombres civilizados. [...] En su vida han dormido una noche al raso. [...] Montan a caballo como si fueran en bicicleta, ¿les ha visto?».

Sin embargo, la contienda se encontraba en un punto muerto. El corresponsal de guerra que escuchaba al teniente se quejaba sobre la falta de temas para escribir. Y justo cuando acababa de encontrar el título para su artículo sobre la pérdida de intensidad de la guerra, aparecieron los monstruos acorazados.

«¿Qué se puede hacer contra chatarra y quincalla?», se preguntaba un oficial de caballería tras encontrarse con los acorazados terrestres y darse cuenta de que su arma favorita ya no era competitiva.

Los nuevos vehículos utilizados por los urbanitas salieron al campo de batalla y lo inundaron con reflectores, desmoralizando de forma inmediata a las fuerzas defensoras. Guerreros natos y vaqueros se apresuraron a dejar el frente. ¡No se rendirían bajo ninguna circunstancia! Mantuvieron sus posiciones ventajosas. Tenían artillería pesada y mucha caballería, y estaban listos para la batalla.

Al alba, los soldados correspondientes pudieron observar con claridad a los gigantes de acero enemigos.

La parte superior de los acorazados terrestres estaba protegida por un blindaje segmentado, que imitaba el caparazón de una tortuga. Toda la suspensión estaba cubierta por un faldón de metal flexible y los laterales estaban cubiertos de escotillas, cañones de escopetas y tubos telescópicos.

Los vehículos tenían unas miras telescópicas bastante ingeniosas. Se trataba de cámaras oscuras: dispositivos antiguos que exponían un objeto brillante en la pantalla frente a los fusileros, para que no tuviesen que arriesgar la vida. Un fusilero se sentaba en el vehículo acorazado y ajustaba la escala de proyección con mamparas. Cuando la retícula estaba en el blanco, el fusilero asía un pomo y disparaba. El sistema era fiable. En general, hacían falta dos disparos para ajustar el tiro.

Una predicción muy acertada

Uno de los vehículos levantó el faldón que cubría el motor. «Di... Diplock —dijo—; y les llamaba Pedrails… ¡Imagínese encontrárselos aquí!»

El «Pedrail» de Diplock Los vehículos tenían «ruedas con pies» en lugar de una suspensión con orugas. El ingeniero británico B. J. Diplok desarrolló estas ruedas. Usaban niveladores para los radios y bloques de metal para las llantas. Siempre había tres pies en el suelo, para mantener la estabilidad del vehículo. Diplock llamó a su invento «Pedrail», que significa literalmente «raíl de pies». Aunque Diplock no fue el primero en inventar este tipo de mecanismos, su «Pedrail» se volvió muy popular gracias a la historia de Wells.

Sin embargo, la capacidad de comunicación de estos vehículos era muy pobre. No tenían radios, así que sus tripulaciones usaban tubos acústicos para las comunicaciones internas y banderas de señales para los intercambios externos. Sin embargo, esto no impediría que los «enclenques urbanitas» rompiesen las líneas de defensa enemigas. Los acorazados atravesaron las trincheras y aseguraron sus posiciones con fuego. Pese a sus contraataques, los campesinos perdieron el duelo de artillería, mientras que los acorazados disfrutaban del apoyo de la infantería, que protegía a los vehículos de la caballería enemiga.

La historia de «Los acorazados terrestres» no era totalmente ficticia. Ivan Block (el mercante y sofista ruso) describió el punto muerto de estas posiciones de forma muy detallada. El Ejército británico utilizaba trenes sin raíles en la lucha contra los bóeres de Sudáfrica entre 1899 y 1902, y la batalla de este cuento se parece bastante a los auténticos informes de los corresponsales de guerra de la época. Solo los vehículos gigantes eran ficticios.

Winston Churchill dijo que Wells había descrito los vehículos blindados de la forma más creíble posible utilizando solo su imaginación. No cabe duda de que todos los ingenieros se inspiraron en los ironclads de Wells para desarrollar sus acorazados terrestres.

Fuentes:

Wells H. G. The Land Ironclads // The Strand Magazine. December 1903. Vol. 26. P. 501-513.

Anglo-burskaya voyna 1899–1902 godov glazami rossiyskikh poddannykh. V 13 tt. T. 5. M., 2012.

Belash Ye. YU. Mify Pervoy mirovoy. M., 2012.

Fedoseyev S. L. Tanki Pervoy mirovoy. M., 2012.

Imágenes de Strange Magazine, diciembre, 1903.

 

 

¡Seguid la historia de los blindados desde estas páginas de ciencia ficción hasta la realidad de los campos de batalla!

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