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Centenario de los carros de combate: el invento revolucionario de Swinton

Los ingenieros del Landships Committee (Comité de los Buques Terrestres) pasaron meses intentando reunir los principales avances técnicos de la humanidad para crear algo similar a un nuevo vehículo de combate. Parecía imposible que este mosaico tecnológico diese lugar a un modelo militar claro. A principios de agosto de 1915 se produjo un avance repentino, y siete semanas después, el primer prototipo móvil se dirigía, sobre sus orugas, hacia los campos de pruebas.

El hombre que hizo posible este adelanto fue Ernest Dunlop Swinton.

La «siembra» del padre de los carros de combate

El teniente coronel Swinton es el protagonista perfecto para una historia de ciencia ficción. Este oficial de carrera, que luchó en la Segunda Guerra Bóer, era un ingeniero militar y un corresponsal y analista destacado. Swinton había visto muchas cosas en su día, pero en el otoño de 1914, le impactó enormemente la situación del Frente Occidental. Después de la guerra, declaró que entendía la esencia de la «neurosis de guerra», pues fue testigo de la destrucción que causaban las ametralladoras sobre los soldados que se lanzaban en un ataque desesperado cerca de Ypres; así que empezó a buscar con vehemencia una solución al problema de las trincheras.

La idea revolucionaria de Swinton era bastante simple. Propuso «convertir sus azadas en espadas», lo que se traduce en transformar los tractores agrícolas en vehículos de combate.

El 19 de septiembre de 1914, Swinton tuvo una brillante idea: ¡un tractor con orugas! Poco después de la guerra, el oficial recibió una carta de un viejo amigo, en la que se describían las pruebas que había pasado un tractor Holt de fabricación estadounidense con tracción de orugas, en Amberes. La capacidad todoterreno de este vehículo era mucho mejor que la de los vehículos con ruedas de tracción. «Creo que este tractor de agricultura puede ser la solución, ¿por qué no lo equipamos y lo adaptamos a nuestras necesidades?», pensó el ingeniero, y empezó a bombardear con cartas a las altas instancias británicas. Por casualidad o de forma metafórica, Swinton llamó al proceso de transformación potencial «siembra».

Una semana después de esta revelación, el oficial volvía a Londres por negocios. Tuvo la oportunidad de compartir sus ideas con el mismísimo Lord Horatio Kitchener, por aquel entonces Secretario de Estado para la guerra. Sin embargo, la primera persona con quién Swinton compartió su idea de crear «un destructor de ametralladoras blindado» fue Maurice Hankey, un viejo amigo y Secretario del Comité de Defensa Imperial. A Hankey le gustó la idea y la comentó con el capitán Tom Tulloch, conocido como Trinitro-Tom, un ingeniero militar y el mayor experto en explosivos de Inglaterra, que apoyó la idea. Resulta que Tulloch había estado dando vueltas a la posibilidad de crear un vehículo de combate basado en un tractor Hornsby. Poco después, Swinton entró en contacto con el Primer Ministro del Reino Unido, pero no le comentó nada sobre sus planes. Como buen militar, no podía romper la cadena de mando y decidió que no tenía derecho a compartir una idea sin el consentimiento de Lord Kitchener. Por desgracia, la discreción del ingeniero resultó inútil, pues Kitchener, escaso de tiempo, canceló la reunión que tenían planificada.

El 22 de octubre de 1914, Ernest Swinton llegó a Saint-Omer (Francia), donde se encontraba el cuartel general de la Fuerza Expedicionaria Británica. Allí se reunió con el comandante de los ingenieros y el líder de las obras de protección, habló con ellos e intentó convencerlos... No se hacía muchas ilusiones, pues el mando estaba demasiado ocupado para estudiar los detalles técnicos, así que solo esperaba mejorar sus relaciones con estas figuras conservadoras. Por desgracia, se encontró con un muro infranqueable.

El ocaso y el auge

El 2 de enero de 1915, los planes de Swinton sufrieron un duro revés. Maurice Hankey confesó que había explicado la idea de un tractor con orugas a Kitchener y que este había decidido no apoyar el concepto. El ingeniero estaba desesperado. Sin embargo, el astuto Hankey mantuvo la cabeza alta y preparó un memorándum dirigido a Herbert Asquith, primer ministro del Reino Unido, y Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo. Parece ser que Churchill se decantó por la idea de un «buque terrestre» tras recibir este documento y se lanzó a la creación del Landships Committee. En enero de 1915, dos tractores Holt entraron al campo de pruebas de Aldershot, pero por alguna razón no invitaron a Swinton.

El ingeniero se quejaría más tarde, en sus memorias: «Por una razón desconocida, Churchill estaba en contra de la investigación combinada con la Oficina de Guerra... Una especie de comedia grotesca...». El hombre que hizo posible la aparición del Landships Committee parecía considerar sus investigaciones ilusorias y una pérdida de tiempo y recursos para el Reino Unido.

El muro de incomprensión e indiferencia solo cayo después de que John French, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Francia, recibiese un comunicado de Switon, en el que decía que «los vehículos deberían parecerse a tractores de gasolina con tracción de orugas», junto con un enunciado de trabajo completo, que incluía todas las características de un vehículo potencial: un motor de gasolina, una velocidad de cerca de 7 km/h, la capacidad de cruzar trincheras de hasta 1,2 m, dos ametralladoras y un cañón de 44 mm.

La respuesta del comandante se basaba sobre una pregunta: ¿existía algún vehículo en Inglaterra capaz de adaptarse a los requisitos necesarios? Y de no ser así, ¿quién podía construirlo? Estaba dispuesto a enviar a Swinton de vuelta a Londres para ponerlo a los mandos del proyecto de desarrollo. La cuestión del propio desarrollo estaba cerrada, pues French siempre cumplía sus promesas. La «siembra» de Ernest Dunlop Swinton por fin daba frutos.

«¡Ábrete, sésamo!»

La fortuna favorece a los valientes y a los que perseveran. El ingeniero no solo recibió el apoyo de este influyente comandante, sino que además descubrió su auténtica fuente de poder. Cuando se abrió un puesto de Secretario en el Comité de Defensa Imperial, debido al destacamento al frente de Hankey, este recomendó a su viejo amigo. «¡Ábrete, sésamo! Me han dado la llave maestra», comentó Swinton sobre este cambio.

Escribió inmediatamente al Almirantazgo y pidió información sobre el progreso de su idea dentro de la Oficina de Guerra. En una semana, se había elegido el contratista para la creación del prototipo del vehículo. William Foster & Co Ltd, con base en Lincoln, Lincolnshire, había trabajado antes con tractores y había producido los tractores oruga Hornsby y los tractores de tiro para artillería pesada con tracción de ruedas.

Lo único que necesitaba era encontrar un equipo de profesionales, pues, como ya sabemos, lo más importante al final es la dimensión humana. William Tritton, el director de la compañía, asumió el liderazgo del proyecto para el prototipo del «destructor de ametralladoras». Ya había intentado crear un vehículo para cruzar trincheras, pero las pruebas de su «puente rodante móvil», que tuvieron lugar a principios de 1915, acabaron siendo un fracaso. El nuevo proyecto era su oportunidad de darle la vuelta a las cosas.

Walter Gordon Wilson, teniente de la Royal Navy, se ofreció a ayudarle. Este militar profesional pasó muchos años de su vida en la industria de los motores y trabajó en los vehículos de la División de Vehículos Blindados de la Armada Real desde el principio de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, Swinton y sus asistentes aún necesitaban fondos, tiempo y mano de obra. Incluso mujeres, representantes del movimiento sufragista, operaban complejas máquinas en las instalaciones de producción. La construcción y el ensamblaje del prototipo eran estrictamente confidenciales. Los trabajadores solo podían abandonar los locales de producción con un permiso especial. Cuando había sospechas sobre la falta de lealtad de alguien, se le despedía de forma inmediata.

Justo antes de las pruebas, la angustia alcanzó el punto álgido. El material para fabricar las orugas estaba en el centro de acaloradas discusiones, pero Tritton insistió en utilizar cadenas de eslabones. El Director del Landships Committee no creía que Swinton fuese a tener éxito y consideró cancelar la demostración. Los trabajadores de la central de Foster fueron a las pruebas con sus familias.

El 22 de septiembre de 1915, el prototipo llamado «Máquina Lincoln n.º 1» recorrió sus primeros metros. Tres meses más tarde, su sucesor recibiría el nombre de «tanque».

Mientras tanto, el Almirantazgo recibía un telegrama repleto de orgullo: «Ayer se rompió la correa de transmisión en el puesto experimental. Construí una nueva con chapa estampada. Es ligera, pero muy firme. Todo bien, gracias. Atentamente, padres orgullosos».

 

Fuentes:

Fedoseev S. L. Tanki Pervoy mirovoy. M., 2012.

Glanfield J., The Devil’s Chariots. Osprey, 2013.

Swinton D. E. Eyewitness. Being Personal Reminiscences of Certain Phases of the Great War, Including the Genesis of the Tank. New York, 1933.

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