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Bienvenidos al lugar de nacimiento del Carro de combate

Puede que ya sepáis que Wargaming.net ha hecho recientemente una donación al Lincoln Tank Memorial Group. El objetivo de este grupo es construir un monumento cerca del emplazamiento de la fábrica Foster, donde se fabricó el primer carro en 1916.

La historia la cuenta mi amigo y escritor Richard Pullen, cuyo abuelo, George Atkin, trabajó en la producción del carro en la fábrica William Foster and Co en Lincoln durante la Primera Guerra Mundial.

Disfrutad,

The_Challenger

 

En 1915 la Gran Guerra estaba en su apogeo y el terrible potencial de este nuevo tipo de contienda había quedado patente a ojos de todo el mundo. Durante los últimos 100 años se han escrito millones de palabras para explicar las razones subyacentes a la lucha de trincheras y a la terrible carnicería que le siguió, pero las razones para ese callejón sin salida podrían resumirse en una sola palabra: mecanización. Por primera vez se enfrentaban dos grandes superpotencias mundiales y ambas contaban con las armas más eficaces y avanzadas tecnológicamente. Submarinos, aeroplanos, artillería precisa, explosivos y gas venoso se usaban a diario. A pesar de estas nuevas máquinas de guerra, puede que dos inventos, aparentemente sin conexión ente sí, fueran más responsables que ningún otro del punto muerto que caracterizó a la Gran Guerra; se trataba de la ametralladora y del alambre de púas. Si cada bando trataba de salir de sus trincheras y cruzar la tierra de nadie, les paraban los pies las barreras impenetrables de alambre de púas y eran liquidados por las ráfagas cruzadas de las ametralladoras. La cuestión era sencilla, había que averiguar cómo introducir a los hombres en la trinchera del enemigo sin que fueran masacrados por las ametralladores o atrapados por el alambre; lo cual se conoce con el nombre de ‘El acertijo de las trincheras’. Quien lograse resolver primero el difícil problema pondría de nuevo en marcha la guerra y quizá tendría una posibilidad de vencer, pero, ¿cómo se podían superar el alambre y las ametralladoras sin perder a todos los hombres de un regimiento? 

"Madre": el primer carro del mundo

La respuesta al acertijo de las trincheras llegó finalmente de una pequeña compañía de ingeniería agrícola de Lincoln, Inglaterra. William Foster and Co Ltd eran una compañía relativamente pequeña, pero eran conocidos por su gran calidad y velocidad de fabricación. La primera máquina que fabricó Fosters para el Admiralty Landships Committee fue el Tritton Tench Crosser pero, aunque contaba con buenas ideas, no era lo que buscaba el comité. Uno de sus principales problemas era que tenía ruedas, lo cual no era adecuado para atravesar el alambre de púas esparcido y los pantanos destrozados por los proyectiles como los que había por entonces en Ypres Salient. Lo que se necesitaba era un vehículo que pudiese aplastar el alambre de púas contra el suelo a medida que se moviese y pronto quedó patente que esto solo sería posible para un vehículo con orugas, con el que quizá se pudiese resolver el acertijo de las trincheras.

¡Tanto los Aliados como los Alemanes eran conscientes de ese hecho y, como consecuencia, empezó la carrera para fabricar el arma de la victoria!


El Madre toma la orilla en Burton Park (Lincoln) a su paso

Los campos de pruebas en Lincoln, mediados de 1918

El primer vehículo verdaderamente equipado con orugas capaz de cruzar trincheras fue creado por William Foster and Co Ltd en Lincoln; se le llamó Little Willie. 


El Little Willie demuestra lo que puede hacer durante las primeras pruebas en Burton Park

La máquina había sido equipada en un primer momento con las orugas estadounidenses disponibles en el mercado, las cuales funcionaban bien para el propósito al que estaban destinadas: mover un vehículo tractor ligero sobre terreno llano y despejado. Sin embargo, no podían soportar el peso ni las fuerzas a las que las sometió Fosters, con lo que fueron descartadas. Las orugas que las reemplazaron fueron creadas finalmente en Lincoln, ya que Willie había sido idea del Director Gerente de Fosters, William Tritton. Eran lo más sencillas y robustas posible, lo cual las convertía en idóneas para la nueva creación. El Little Willie, ya con sus nuevas orugas Tritton, llevaba un motor de 105 CV Daimler y una transmisión tomada de los tractores Foster Daimler que llevaba fabricando la compañía desde 1914. Y, a pesar de las declaraciones que dicen lo contrario, ni el Little Willie ni ningún otro carro de fabricación británica de la Gran Guerra utilizaron un solo tornillo de un Holt, ni de ninguna otra máquina de fabricación estadounidense. El Little Willie fue un banco de pruebas de gran valor, en el que se emplearon multitud de ideas y diseños. La máquina estaba pensada para ser equipada con una torreta en el techo, colocada directamente sobre el motor montado en el medio, pero no hay muchas pruebas que indiquen que fuera un éxito y parece que fue eliminada casi de inmediato.

Los nuevos carros Mk. IV toman forma

El Willie era un diseño muy moderno, con el chasis principal colocado entre las orugas y la torreta en el techo, al igual que en los carros actuales. En todos los sentidos era una máquina fantástica fuera de carretera y atravesó réplicas de los boquetes provocados por los proyectiles durante las pruebas realizadas en Burton Park, Lincoln, y más tarde en Hatfield House. Desafortunadamente, no tenía capacidad para atravesar las trincheras. No le hubiera sido posible atravesar ni siquiera una estrecha, y mucho menos las enormes trincheras fortificadas que estaban siendo excavadas por los alemanes, por lo que nunca se inició su fabricación. El Little Willie no puede ser descrito estrictamente como un carro, puesto que casi tan pronto como fue finalizado estaba obsoleto y una nueva idea tomaba forma en la nave de montaje de Lincoln. 


William Tritton, a la izquierda en la foto

La máquina ideal, capaz de atravesar trincheras y aplastar alambre, necesitaría una rueda enorme, pero un vehículo así se convertiría en un objetivo perfecto para las armas de los alemanes. Como consecuencia, la rueda se transformó a una forma romboidal que proporcionó el perfil reconocido en todo el mundo del verdadero primer carro del mundo. Las primeras máquinas romboides dejaron la fábrica de William Foster en enero de 1916 y esta fase temprana se llamó en la fábrica ‘Pedido AX’. Cuando llegó el ejercito, lo rebautizaron con el nombre ‘His Majesties Landship Centipede’ ("buque ciempiés terrestre de Su Majestad"), pero no pasaría mucho tiempo hasta que todo el mundo, civiles y militares, se pusieran de acuerdo en que debía ser conocido como Madre. El Madre se puso a prueba en los campos de Poppletons Field en Lincoln y se pasó a realizar pruebas más rigurosas en los tranquilos alrededores de Burton Park. El día 2 de febrero de 1916, la nueva máquina fue llevada a Hatfield Park en el norte de Londres para las pruebas oficiales. El Madre pasó todas las pruebas, tomando trincheras y terreno accidentado a su paso. Uno de los oficiales presentes en las pruebas sugirió que Fosters, en Lincoln, debería construir 3.000 buques terrestres inmediatamente. Esta idea fue poco realista puesto que las pruebas eran una cosa, pero el buque terrestre aún no se había probado sobre el terreno de batalla. La Oficina de Guerra hizo los pedidos, pero la pequeña compañía de William Foster and Co Ltd nunca hubiese podido completarlos a tiempo, de modo que hubo que recurrir a fábricas de Newcastle, Glasgow y Birmmingham para satisfacer la demanda.


El Little Willie en el patio de trabajo de William Foster, 1915

La respuesta al acertijo de las trincheras había sido hallada por un pequeño fabricante agrícola en Lincoln y muy pronto los Mk. I entrarían en acción en el Frente Oeste. Desafortunadmente, los primeros carros habían sufrido una fabricación apresurada con los materiales disponibles y su primera batalla en Flers-Courcelette el 15 de septiembre de 1916 fue decepcionante.


Un Mk.I C13 antes de la batalla de Flers-Courcelette, septiembre de 1916. Comandado por el Teniente Sir John Dashwood

A pesar de que el motor de 150 CV era el mayor motor de gasolina de tierra disponible para los diseñadores, era el talón de Aquiles de los primeros carros. Los primeros carros pesaban unas 30 toneladas y el motor tenía verdaderos problemas para mover ese peso en carreteras firmes, mucho menos en barro espeso. Este problema de la relación entre potencia y peso era una desventaja clara para el blindaje del carro. El grosor del blindaje tenía que mantenerse en un máximo de tan solo 8mm; si era más grueso, el peso se incrementaba drásticamente y el carro no se habría movido en absoluto. Los otros dos problemas principales del Daimler eran que no estaba equipado con bombas de combustible ni de aceite. El aceite simplemente se derramaba en el cárter y bañaba el final de los cigüeñales, lo cual estaba bien en terreno llano, pero si el carro estaba a 45 grados, el aceite iría a la parte trasera del motor y este pronto se quedaría seco. La falta de una bomba de combustible era el problema más serio de los carros Mk. I, ya que la gasolina alimentaba el carburador gracias a la gravedad desde los tanques de gasolina, que se encontraban en el punto más alto del marco frontal de las orugas de la máquina. Esto estaba bien en teoría, pero la parte frontal del carro era exactamente a donde apuntarían los artilleros alemanes; además, la tendencia a incendiarse de los carros fue pronto conocida entre las tripulaciones y los artilleros alemanes. El carro se llevó de forma apresurada a la batalla; si se hubiese dado tiempo muchos de los problemas más graves se habrían solucionado en los campos de pruebas de Lincoln, pero la prisa por llevarlos al combate supuso que esos fallos no se percibiesen hasta entrar en batalla, lo que le costó la vida a muchas tripulaciones de carros pioneras.

Por suerte, el carro evolucionó con el tiempo y para cuando el Mk. IV se llevó a la batalla en Cambrai el 20 de noviembre de1917, muchos de los antiguos problemas se habían solucionado. El nuevo Mk. IV puede que se parezca al Mk. I, pero contaba con muchas mejoras, como puertas de escape más grandes, maquinaria de emergencia y una bomba de combustible que permitía que la gasolina se pudiera almacenar de forma más segura en la parte trasera del carro. El Mk. IV demostró finalmente lo que podía y no podía hacer un carro y mostró que, con el apoyo adecuado, los carros eran parte indispensable de la guerra moderna. Al final de la Gran Guerra en 1918, el Mk. V y Mark A Whippet fabricado en Lincoln se habían unido a a filas y nadie podía imaginar una batalla sin la potencia de los carros.


Un Mark A Whippet fabricado por Lincoln capturado por los alemanes y evaluado por su departamento técnico

 

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