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Little Audrey: 2.ª parte

Memorias del soldado de artillería 14404393 Leslie Dinning
Primer Real Regimiento de Tanques
1944

Finalmente nos dieron la orden de avanzar: cruzamos el paso a nivel y enfilamos el camino, que estaba adoquinado y flanqueado por árboles, en dirección al siguiente pueblo, probablemente a un kilómetro y medio. Éramos el tercer o el cuarto tanque desde atrás. Ya estábamos a mitad camino cuando nos dieron la orden de regresar. Mientras el tanque giraba sobre su eje en el camino adoquinado, se deslizó hacia un lado y el cañón se enganchó en uno de los árboles, obligando a la torreta a girar en sentido contrario al que lo estaba haciendo el tanque. En el chasis hay un anillo dentado sobre el cual la torreta gira gracias a un engranaje accionado por un sistema hidráulico o un volante de maniobra. Como el cañón no podía girar, saltaban chispas por todos lados. Pensaba que nos habían dado. Me giré y agarré al comandante del tobillo y grité: “¡Salga, salga!”. Todo había terminado al cabo de unos segundos, pero yo creía que nos habían dado, y si le dan al tanque, la primera reacción de un soldado es salir. No creo que los dientes del anillo de la torreta se rompieran, porque al Destacamento Ligero de Asistencia (LAD por sus siglas en inglés) no le costó mucho arreglarlo.

El 29 de septiembre de 1944 el comandante del tanque, el sargento Arthur Davies, y el operador de radio, el cabo Taffy Glenton, fueron mortalmente heridos por un ataque con bazuca. Habíamos recorrido una gran distancia para tomar un sector del flanco izquierdo que protegía el estrecho corredor a Arnhem en la batalla de “Market Garden”. Durante el camino, el boggie delantero izquierdo del tanque se salió del soporte. Nos quedamos atrás, pero el LAD, que venía de la retaguardia, no tardó más de una hora en desmontar el soporte roto y cambiar el boggie, y nos pusimos en marcha de nuevo. 

Paracaidistas de la 82ª División del Ejército de los EE.UU. y un tanque Panther alemán capturado, Holanda, operación Market Garden, 1944.

88

 

Cuando alcanzamos al regimiento, nuestro escuadrón estaba en un campo cerca de Olland, un pequeño pueblo con unas pocas casas repartidas a ambos lados de la carretera entre St.Oedenrode y s’Hertogenbosch. Esta carretera era cortada continuamente por los alemanes para hostigar la retirada de Arnhem y nuestro avance hacia el norte en dirección a s’Hertogenbosch. Cuando paramos, estábamos haciéndonos un té y un cañón “88” disparó hacia el campo. No había ninguna duda, un "88" es inconfundible.

Inmediatamente se nos ordenó ir a la carretera y localizar al enemigo que una vez más había cortado la carretera. Nuestro tanque iba en cabeza y nos seguían dos Sherman. Sabíamos que el “88” estaba escondido en algún lugar a lo largo de la carretera, y mientras atravesábamos Olland, nos centramos en encontrar el cañón antes de que él nos encontrara a nosotros, y nos olvidamos por completo de las zanjas que había a ambos lados de la carretera. No había infantería con nosotros; únicamente se trataba de localizar el cañón. Pero de repente... ¡Bum! Un cohete nos impactó. La bazuca alcanzó al periscopio del operador de radio. 

 El Cromwell posee un techo plano gradualmente inclinado con dos escotillas, una para el comandante y otra para el operador de radio, y dos periscopios, uno para el operador y otro para el artillero.



 

La bazuca alcanzó el periscopio del operador de radio y lo impulsó hacia dentro, y el operador y el comandante del tanque resultaron mortalmente heridos. La torreta estaba llena de humo cuando me giré y vi como Arthur salía. Salí y lo seguí por la cubierta del motor y me coloqué con él detrás de la torreta. Podía ver que Arthur estaba herido, pero no sabía cómo de grave era. Los dos Sherman que nos seguían, disparaban con sus ametralladoras a la carretera impidiendo que los alemanes pudieran asomarse, y el conductor, Johnny Firth, dio marcha atrás tan rápido como pudo. Es fácil saber cuando un Cromwell ha alcanzado el límite del regulador de velocidad porque el motor ruge como una fiera.

Dimos marcha atrás unos 45 metros más o menos y Johnny Firth hizo un giro sobre el eje en la carretera. Mientras lo hacía, nosotros nos pusimos al otro lado de la torreta para que esta estuviera entre nosotros y el enemigo, y después de otros 90 metros paramos junto a una casa y nos bajamos del tanque. A Taffy lo sacaron por la torreta y lo tendieron sobre una camilla al lado de la casa y yo me agaché junto a él, apoyado sobre un árbol (es sorprendente lo claros que son los recuerdos de ocasiones como esta). Creo que alguien me preguntó si estaba bien. Lo único que me había pasado es que tenía un ojo morado. Estaba mirando por el telescopio cuando el cohete nos dio y la recámara del cañón me protegió.



 

Al poco tiempo, los alemanes que habían disparado con la bazuca llegaron escoltados y pasaron entre Taffy Glenton y yo. Se habían rendido y fueron tomados prisioneros. Me enteré de que Taffy Glenton y Arthur Davies murieron por las heridas al día siguiente. La muerte de Taffy me afectó mucho; pensaba que era muy injusto que hubiera sobrevivido a toda la campaña en el Norte de África y que yo hubiera estado con él desde que me destinaron a este tanque. ¿Por qué él? De hecho, me quedé con su lona para el suelo italiana, que era mejor que las inglesas. La conservé, con su nombre escrito en ella, durante años y años hasta que se deshizo en pedazos. El artillero de uno de los Sherman, un tipo llamado Lofty Barret, me dijo después que se compadeció de nosotros cuando vio el humo negro provocado por el ataque con la bazuca.

Johnny Firth y yo llevamos el tanque al LAD aquella tarde, donde le reemplazaron el periscopio, media escotilla del operador de radio −que la bazuca había volado por los aires− y limpiaron el tanque mientras dormíamos. Al día siguiente nos presentamos en el regimiento y volvimos a la acción enseguida con un joven oficial, recién llegado del Reino Unido, como comandante del tanque, y un soldado de primera como operador de radio.



 

Poco después de que el joven oficial tomara el mando, estábamos atacando en columnas con el escuadrón, cargando hacia unos bosques a través de un campo abierto, cuando nos sobrevino un intenso fuego antitanque. A nuestra derecha había un pequeño pueblo junto a la carretera que iba en dirección del ataque. Podía ver como los tanques a mi alrededor eran destruidos, pero no veía ningún objetivo al que disparar. Apenas empezaron los disparos, Johnny Firth, quien a mi entender siempre conducía con su visor abierto, podía ver claramente lo que estaba pasando, y sabiendo que tenía un comandante sin experiencia, giró rápidamente a la derecha, condujo hasta un grupo de casas dentro del pueblo y paró. Yo aún podía ver lo que pasaba a mi izquierda: el resto de tanques estaban siendo destruidos uno tras otro y las tripulaciones iban saliendo. Podía ver los impactos de los proyectiles AB, y cada vez que había un impacto, el blindaje brillaba. Un tanque no se prendió fuego de inmediato y recibió disparos repetidamente hasta que finalmente se incendió. Mientras tanto, las tripulaciones que sobrevivían se agrupaban a nuestro alrededor.

Algunos estaban heridos e hicimos lo que pudimos por ellos.

Los artilleros alemanes nos habían visto desaparecer detrás de las casas, e intentaban darnos a través de ellas. Podía ver los proyectiles atravesar los ladrillos justo por encima del suelo, pero afortunadamente impactaban delante o detrás de nosotros. Permanecimos en esa ubicación durante el resto del día y hasta bien entrada la noche, probablemente nos lo ordenaran, para defender la posición. Había una buena batalla en el pueblo, y dimos fuego de apoyo a la infantería. Las tripulaciones supervivientes de los tanques destruidos volvieron a pie, menos uno que estaba gravemente herido y que se quedó detrás del tanque, donde me ocupe de él cuando la acción se calmó. Por alguna razón no se lo llevaron y se quedó con nosotros hasta las primeras luces del día siguiente. A menudo me pregunto si sobrevivió. Espero que sí.

Poco después de este episodio, el oficial se marchó, y el sargento primero Conky Harland asumió el mando del tanque como líder de tropa. Conky había servido en el regimiento desde El Alamein y había sido condecorado con la Medalla Militar, y poco después de tomar el mando, fue nombrado oficial en el campo. Me impresionó, y aún sigo impresionado, cuando Conky se acercó a nuestro tanque y se presentó diciendo: "Mi nombre es Harland, pero me podéis llamar Conky". Siempre lo recordaré con mucho cariño.

El sargento primero Haland

 

Nunca he vivido una auténtica penetración de un proyectil AB, pero imagino que debe ser bastante dramático para aquellos que sobreviven. Recuerdo que nos alcanzó un proyectil antiblindaje en algún lugar de Bélgica. Acabábamos de entrar en un pequeño pueblo cuando mi tropa, dos Firefly y un Cromwell, recibió la orden de atravesar un gran campo abierto para llegar a una carretera a nivel más bajo, en la que se sabía que había una gran concentración de tropas alemanas.

Cruzamos el campo en columnas, con nuestro tanque en el centro, y a mitad de camino llegamos a una zanja que no habíamos podido ver al salir y que no había forma de cruzar. Cuando nos paramos a considerar qué hacer, Conky Harland habló por el intercomunicador: “Rotación a la derecha; cañón antitanque”.

Cañón antitanque PaK 40 de 75 mm

Giré el cañón, pero lo único que podía ver era una línea de setos que bordeaba el campo. Dije: “No puedo verlo, Conky”. Conky respondió: "Gira a la derecha un poco, a la derecha un poco". Intentaba alinear el cañón para que los tuviera a tiro, pero yo no podía ver nada más que setos. El tenía la cabeza y los hombros fuera de la escotilla de la torreta y estaba un metro más alto que yo. Podía ver por encima de los setos y podía ver como remolcaban el cañón antitanque por la carretera, para que sirviera de apoyo a las tropas que estaban en la carretera hundida. Después dijo: “No importa, ya no está”. Cuando nos dimos cuenta, el Sherman que estaba a nuestra izquierda anunció por radio: “Me han dado”. Casi al mismo tiempo el Sherman a nuestra derecha también dijo: "Me han dado". En ese momento el conductor, Johnny Firth, de nuevo sin esperar órdenes, dio marcha atrás y se colocó detrás del Sherman destruido a nuestra derecha, y estoy convencido de que eso me salvó la vida: un soldado con experiencia actuando inmediatamente sin recibir órdenes. Y allí estábamos, atrapados. El cañón antitanque se había posicionado y había disparado solo dos tiros y cada tiro había alcanzado al artillero de los Sherman, justo a través del revestimiento del cañón. No podía haber disparado a menos de 1.000 o 1.300 metros. Había ido a por los grandes cañones de los Sherman primero, probablemente habíamos aparecido en su visor cuando había apuntado al Sherman de nuestra derecha, así que indudablemente volvería a por nosotros.

Cada regimiento de tanques disponía de una tropa de obuses 25 pounder de apoyo y pedimos humo. Nuevamente el nivel de la artillería fue sorprendente. Los 25 pounder pusieron un anillo de proyectiles a nuestro alrededor, usando solo un mapa de referencia. Al aparecer el humo, los supervivientes de los otros tanques salieron de la zanja, se dirigieron a nuestro tanque y nos marchamos. Cuando salíamos de la nube de humo, nos dieron. Yo no sabía que nos habían dado, pero el conductor notó la sacudida y nos informó por el intercomunicador. Afortunadamente el impacto no nos detuvo. Cuando estuvimos fuera de peligro, descubrimos que el proyectil había impactado abajo, en el lado derecho del compartimiento del motor. Había atravesado la penúltima rueda de rodaje, el primer blindaje, de unos 3 cm de ancho, y había impactado en unos de los pesados brazos de la suspensión, entre la primera capa del blindaje y el compartimiento del motor, que lo había parado. Eso demostraba el nivel de la artillería alemana; el artillero había disparado solo tres veces y los tres tiros habían dado en el blanco. Los alemanes sabían lo que iba a pasar cuando vieron el humo, y apuntaron el cañón hacia donde ellos creían que estábamos, y tan pronto como oyeron que nos movíamos, dispararon a través del humo mientras avanzábamos hacia el hueco entre los Sherman. Ese cañón salvó a muchas tropas alemanas en esa carretera hundida, ya que si hubiéramos logrado llegar hasta ellos, habría sido un caos.

 

Munición de 25 pounder

 

El otro incidente tuvo lugar en Holanda, donde la mayoría de las carreteras rurales están por encima del húmedo y blando terreno inferior. En esta ocasión estábamos yendo campo través, endureciendo el suelo blando con otros tanques a nuestro alrededor. Habíamos recorrido la cuarta parte del campo cuando nos atascamos, es decir, la parte inferior del tanque había quedó hundida dentro del barro y las cadenas giraban pero no nos movíamos. El resto del escuadrón continuó su camino y nos dejaron solos. Salimos para echarle un vistazo a la situación, y de repente había un soldado alemán a unos 40 metros de nosotros. Volvimos a entrar en el tanque y cuando giré el cañón para apuntarle, vi que había levantado las manos y estaba allí quieto, girando los anillos de sus dedos. Conky Harland le hizo señales para que avanzara. Obviamente el alemán quería rendirse y al girar los anillos nos estaba diciendo que estaba casado. Cuando se acercó al tanque nos informó de que tenía unos amigos en la zanja, al otro lado del campo, que también querían rendirse. Le dijimos: “Vale, ve a por ellos”. Y al poco nos vimos rodeados por 30 o 40 alemanes, todos bastante contentos de rendirse. Imagínate la situación: ahí estábamos, solo cinco de los nuestros en campo abierto, podrían haber acabado con nosotros sin que nadie se hubiera enterado.

¡Todavía llevaban sus armas! Les dijimos que las amontonaran, y obedecieron. Daban pena. Recuerdo que agacharme en la parte trasera del tanque, mirarlos, y no sé por qué, pero actuando por instinto, ir a la torreta, coger una lata de 50 cigarrillos de mis provisiones, abrirla, encender un cigarrillo para mí y lanzar la lata a uno de los soldados alemanes, indicándole que la pasara. Se habían rendido, y ahora éramos todos soldados.

“Entramos en Alemania durante el invierno por Broek Sittard, en la frontera con Bélgica y Alemania”.

 


 

Continúa en la tercera parte
Agradecimientos: WW2 People's War es un archivo de memorias de la guerra facilitadas por particulares y recopiladas por la BBC.

The_Challenger
"Fear Naught" (Sin miedo)

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