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Little Audrey: Parte 1

En el Bosque de Thetford (Reino Unido) hay un monumento conmemorativo de la 7ª División Acorazada, más conocida como “Las Ratas del Desierto”. Dicha división estuvo destinada allí entre enero y mayo de 1944, mientras se preparaba para la invasión de Normandía. El tanque que descansa sobre el monumento es una réplica de un Cromwell conocido como “Little Audrey”. Tras mucho investigar, di con las memorias del soldado Leslie Dinning, artillero del “Little Audrey”. Los siguientes extractos representan una visión general de su época.

El tanque Mark IV Cromwell sobre el pedestal es una réplica del "Little Audrey" 5 Able, escuadrón "B", Primer Real Regimiento de Tanques

 

Extractos de las memorias del soldado de artillería 14404393 Leslie Dinning   
Primer Real Regimiento de Tanques
1944

Recuerdo haber hecho un viaje muy largo por un campo lleno de colinas en la parte de atrás del vehículo de reconocimiento hasta que me dejaron en una huerta. El tanque al que me destinaron era un Cromwell 5 Able, es decir, un tanque “capaz” (able) en la tropa 5, escuadrón “B” (Little Audrey). Me presentaron al comandante del tanque, el sargento Arthur Davies, al conductor, el soldado Johnny Firth, al copiloto, el soldado Trevor Gundry, y al operador de radio, el cabo Taffy Glenton. No sé cuánto tiempo llevaban en el regimiento el sargento Davies y el soldado Gundry, pero Johnny Firth y Taffy Glenton habían sobrevivido a toda la campaña del norte del África. Y ahí estaba yo, tan dispuesto como ingenuo, entre combatientes de primera que me habían aceptado tal cual y me habían hecho sentir como uno de ellos. No se me ocurrió preguntar por qué “5 Able” necesitaba un artillero y jamás lo supe.

 

 Atravesamos Faliase mientras recorríamos toda Francia a gran velocidad persiguiendo a los alemanes que huían derrotados.

 

 El tanque Cromwell estaba equipado con un motor Rolls-Royce Merlin (renombrado Meteor) modificado para funcionar con gasolina normal y que desarrolla una gran potencia. Aunque estaba regulado para no alcanzar más de 48 km/h, no pasó mucho tiempo antes de que el regulador se averiara o de que alguien lo manipulase, por lo que era bastante común que el Cromwell alcanzase los 65 u 80 km/h. Así avanzamos hasta cruzar la frontera con Bélgica. Atravesamos ciudades y pueblos con gran estruendo sin encontrar apenas oposición. Me pasaba la mayor parte del tiempo sentado fuera del tanque con la espalda apoyada contra la torreta.

OEl 21 de agosto de 1944, después de un duro combate, el regimiento alcanzó las afueras de Lisieux (Francia).

Lisieux, 22 de agosto de 1944 


 

 Hacía una noche preciosa y yo lideraba el Cromwell de nuestra columna. Mientras avanzábamos a una zona elevada desde la que se observaba la ciudad, escuche el sonido de las campanas de la iglesia a pesar del ruido del motor que salía de la escotilla. Era la primera vez que oía unas campanas desde que había llegado a Francia. A través de mi periscopio, podía ver toda la ciudad debajo de mí. Fue muy emocionante. Estaba claro que sus habitantes esperaban nuestra llegada y ya estaban celebrándolo. Aunque la ciudad todavía estaba ocupada por los alemanes, creo que sonaron todas las campanas que había. Cuando estábamos a mitad de bajada de la colina, nos ordenaron dar la vuelta y acampar esa noche.

El día siguiente atravesamos Lisieux. El 25 de agosto habíamos llegado a St. Aubin, a cierta distancia hacia el este, después de un duro combate en la zona de Bethume, donde nos habíamos separado de la 22ª Brigada Acorazada para apoyar a la 131ª Brigada de Infantería, si mal no recuerdo. El 10 de septiembre ya habíamos llegado al sur de Gante, en Bélgica, donde alcanzamos a la 22ª Brigada Acorazada, lo cual demuestra la velocidad a la que avanzábamos.

Siempre que parábamos, y si no estábamos combatiendo, nos “preparábamos” un té. Usábamos un bidón de aceite de 20 litros con agujeros en los laterales, lleno de arena hasta la mitad y con un asa hecha de cables. Lo colgábamos en la parte trasera del tanque, debajo del tubo de escape, junto con un tarro de mermelada de 2,5 kg que también tenía un asa hecha con cables y otros utensilios. Para “prepararlo”, echábamos unos 2 litros de gasolina en el bidón con la arena, llenábamos el tarro de mermelada con agua, lo poníamos encima de la arena empapada de gasolina, tirábamos una cerilla y… ¡fuego! Ya teníamos agua hirviendo. Mientras el agua hervía, le echábamos leche en polvo, té y azúcar, de las raciones de combate, y un fósforo para quitar el sabor ahumado.

Guardábamos los sacos de dormir envueltos en una lona en la parte trasera del tanque junto al tubo de escape para que la temperatura del motor los calentase. El comandante y el operador de radio viajaban con la cabeza y los hombros asomando por las escotillas. Si no estábamos combatiendo, yo solía viajar en la parte trasera del tanque, donde lo hacían la mayoría de artilleros del resto de tanques. El copiloto, al igual que yo, solo podía ver a dónde íbamos a través del periscopio o de los telescopios del cañón y, algunas veces, se sentaba conmigo en la parte trasera. A lo largo del camino surgían pequeños problemas que solucionábamos sobre la marcha, como carreteras bloqueadas con árboles o postes de telégrafos, o algún grupo perdido de infantería alemana. No recuerdo ningún incidente concreto.

 

La tripulación de cada tanque era como una familia y se alimentaba con raciones de combate de 14 días que, al ser cinco personas, solían mandar cada tres días. Tengo un excelente recuerdo de la comida. Latas de 50 cigarrillos, mermelada, salchichas, bacón, judías, carne, sopas, sardinas y varias clases de pasteles. Mi favorito era el pastel de melaza.

Cuando atravesábamos Francia de camino a Bélgica, recuerdo que en una ocasión habíamos estado yendo a gran velocidad durante mucho tiempo y los frenos de giro se habían calentado tanto que el conductor no podía virar para tomar una curva. Como no podía parar, atajó por medio del campo y luego volvió a la carretera. La gente nos saludaba animada desde los lados de la carretera cuando atravesábamos pueblos y aldeas. Por aquel entonces, teníamos muchas latas de sardinas que guardábamos en los compartimentos situados sobre el guardabarros. Cuando iba sentado en la parte trasera del tanque, se las lanzaba a la gente a puñados. No sé si las apreciaban.

La zona en la que estábamos combatiendo en ese momento era muy distinta. Todos los combates del Bocage de Normandía, excepto los de la costa y los de alrededor de Caen, eran por emboscada. Las tropas atacantes estaban en desventaja porque tenían que avanzar y asomar la cabeza por esquinas en las que a los pocos metros había algún maldito Tiger, Panther o cañón autopropulsado esperándonos y ¡BUM! No había nada que hacer. Era suficiente con un solo disparo de un tanque o de un cañón autopropulsado enemigo, mientras que nosotros teníamos que disparar varias veces a los laterales o la parte trasera de los Tiger o los Panther.

 No teníamos la más mínima esperanza de atravesar la parte delantera de un Tiger con un cañón de 75 mm

Panther Tiger

 

Recuerdo que, poco después de aterrizar, asistimos a una demostración en el campo en la que un “Firefly” de 17 libras disparaba tres proyectiles perforadores de blindaje a la parte delantera de un Panther que habíamos capturado.

Firefly con cañón de 17 libras

 El primer disparo rebotó, el segundo agrietó el casco frontal y rebotó y el tercero lo atravesó. Para entonces, en combate, el Panther habría destruido varios tanques. Solo necesitaba un disparo. No cabe duda de que los artilleros alemanes eran excelentes. Pero nosotros también lo éramos.

Recuerdo perfectamente cómo disparé un proyectil explosivo desde un kilómetro de distancia a la ventana de una casa. Fue poco después de haber cruzado la frontera con Bélgica. Estábamos defendiendo la estación de un paso elevado situada a las afueras de un pueblo; había algunas casas desperdigadas a nuestra derecha y se supone que en ellas se encontraban las tropas alemanas. La batalla por hacerse con el control del paso a nivel había sido muy dura y había cadáveres por todas partes. El comandante del tanque seguramente vio que algo se movía en una de las casas y me ordenó que disparase a la ventana. Así lo hice. El proyectil entro por la misma ventana. No hacía falta que disparásemos otra vez porque si había alguien dentro de la casa, había dejado de estarlo. Esa era la calidad de nuestro armamento. No era solo yo, cualquier otro artillero podría haber hecho lo mismo.

Permanecimos en el paso a nivel dos o tres días, la mayoría de los cuales los pasamos dentro del tanque por el fuego de morteros, que castigó mucho a la infantería.

 

Cuando llevábamos unas 24 horas en el paso a nivel, y creo que a media tarde, dos soldados alemanes aparecieron tras un seto y comenzaron a andar por el campo hacia nosotros. 

Cuando los vimos, estarían a unos 800 metros de nosotros. Era un campo enorme.

Caminaban erguidos, codo con codo, y se iban riendo sin tener ni idea de la situación. Supongo que eran parte de un destacamento que regresaba a la unidad que estaba en el paso elevado. Movimos el tanque, recibí la orden de disparar pero era incapaz de apuntar recto hacia ellos. Cuando los tuve en el punto de mira, me desvíe un par de grados, disparé la ametralladora y, cuando cayeron al suelo, gire a la derecha y dispare un proyectil del 75 hacia el suelo a varios metros de su posición.

Suroeste de Caen, junio de 1944

 Proyectil de 75 mm

 

 La infantería fue a buscarlos y los capturó. Jamás habría disparado. Nos estábamos todos riendo y bromeando, "mirad a estos dos pobres tontos". Seguramente venían de la retaguardia y no se habían molestado en preguntar por la posición actual. Está claro que acababan de atravesar el frente y se habían metido en tierra de nadie. Por sus expresiones, se notaba que iban tan contentos, sin sospechar nada. En cuanto las balas silbaron por encima de sus cabezas, su actitud ya era otra. Para ellos, la guerra había terminado y tenían suerte de estar vivos.

 

En la segunda parte, la tripulación del “Little Audrey” sigue avanzando hacia Alemania.

 

Agradecimientos

WW2 People's War es un archivo de memorias de la guerra facilitadas por particulares y recopiladas por la BBC.

The_Challenger

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