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Un hogar lejos del hogar

 

Una pregunta que suelen hacerme es cómo diantres me las arreglaba para vivir en un carro de combate durante largas temporadas.

He estado reflexionando bastante sobre todos los períodos que pasé en vehículos durante mis treinta años de servicio, tanto en ejercicios largos como en operaciones por todo el mundo, y me he quedado perplejo al darme cuenta de todo el tiempo que he estado fuera. Aquí tenéis mi relato.

 

 

Usaré como ejemplos mis etapas en el Chieftain y los Challenger 1 y 2. Soy muy consciente de que son vehículos más o menos distintos (sobre todo por el tamaño de la torreta), pero solo los uso como referencia; además, el día a día no era tan diferente.

 


La tripulación

 

Aparte del mantenimiento rutinario, el movimiento táctico, la recepción y entrega de órdenes y el contacto con el enemigo, un día corriente solo tiene dos momentos cruciales: comer y dormir.

 

Las comidas

Cuando se realizan ejercicios en momentos de paz, la carga y el equipamiento que se llevan son algo distintos. En lo que respecta a las raciones, durante los ejercicios solíamos tener muchas más comodidades de casa, como latas de conservas, ketchup, especias y demás. Los paquetes de raciones están “bien” para temporadas cortas, pero si tienes que depender de ellos durante etapas largas, se vuelven de lo más sosos y necesitas cambiar un poco. Por ejemplo, pasamos meses en Irak y muchas veces hacíamos trueques con las raciones de los estadounidenses. Cómo no, las operaciones son harina de otro costal: las comodidades se sustituyen por munición; es una lástima, pero no deja de ser necesario.

Los cargadores de la tripulación hacen las veces de “cocineros” a cargo de las raciones; también son capaces de preparar infusiones (o café en mi caso; no bebo té) en un santiamén y, cuando hay contacto, cargar el cañón y recibir mensajes por radio. ¡Son unos tipos muy mañosos! No hay nada mejor que una taza bien cargada para espabilar tras 12 horas de vigilia, sin cambiar de posición y esperando a entrar en contacto.

El gran BV británico (Boiling Vessel, o recipiente hervidor, a la derecha) seguramente sea la pieza de equipamiento más importante en un carro de combate. Olvidaos del resto: si este aparato no funciona, os aseguro que se acabó la "partida".

 

El reposo

Aunque contábamos con un vivac (una tienda de lona enorme, pesada y horrible, a la izquierda), no solíamos usarlo porque requería tiempo y desmontarlo resultaría engorroso en caso de entrar en contacto. Además, en Irak, los escorpiones y otros bichos eran demasiado propensos a acercarse a todo lo que hubiese a ras de suelo.

Las plataformas traseras eran los mejores lugares para que el comandante, el artillero y el cargador se acomodasen en los sacos de dormir. Si había probabilidad de lluvia y la situación táctica lo permitía, situábamos el cañón principal sobre la parte trasera, lo elevábamos al máximo, echábamos por encima la “sábana para carros” (un toldo enorme) y lo fijábamos a la superficie. Además, las plataformas de los motores retienen mucho calor, lo que es fantástico para los inviernos alemanes... pero horrible con el calor del desierto.

El conductor solía quedarse en su compartimento. Por supuesto, su asiento es el mejor y el más cómodo de todos. En cuanto al equipamiento para dormir, dependía mucho de la situación táctica. Si era necesario, se dormía totalmente vestido (botas incluidas) y, como mínimo, con un arma de mano y una máscara antigás cerca. Todo lo demás se mantenía almacenado siempre, para tardar el menor tiempo posible entre despertar y ponerse en marcha.

 


Un Chieftain en Canadá con la “tienda” montada

 

Cómo no, en caso de estar en contacto, la torreta se convertía en nuestro hogar. Si fuese necesario, usábamos el conducto de desechos para las funciones fisiológicas (mal asunto) y cocinábamos dentro. Los períodos largos estando encerrados eran difíciles: aunque el comandante y el cargador tienen espacio para estirarse, el pobre artillero está apretado y con el comandante poniéndole el pie en la espalda sin parar.

Interior del Challenger 2
Arriba:
 posición del cargador; ametralladora a la derecha montada coaxialmente con el armamento principal.
Abajo: apoyo pectoral para el artillero; el comandante se sienta justo detrás.

 

La torreta es un lugar peligroso, incluso si nadie está disparando contra ti. Todos tienen que ser muy conscientes de dónde está cada parte de su cuerpo: si no, el “monstruo de la rotación” les romperá una extremidad al instante, o algo peor. El mayor enemigo es la fatiga. Con la llegada de la visión térmica, las batallas se libran 24 horas al día, lo que a una máquina no le importa, pero a una persona le resulta extenuante.

Esto quiere decir que se dormía cuando se podía. Yo me convertí en un maestro de echar cabezadas en el asiento del comandante entre un desplazamiento y otro. Como ya dije, el conductor tenía la mejor posición y, de hecho, lo más difícil a veces era despertarlo. Había que gritarle por el intercomunicador aquello de “¡en marcha!” o, en el peor de los casos, levantar del todo la escotilla para que el cargador pudiese darle un coscorrón con lo que tuviese a mano.

Mi cargador se volvió un experto en acurrucarse en una postura incomodísima y conseguir dormirse, lo cual tenía mucho mérito.

 

Psicología

Convivir todo el tiempo con los mismos tres tíos es difícil; no hay lugar para discusiones ni peleas. Hay que confiar mutuamente de una forma que no he vuelto a experimentar desde que dejé el ejército. Al fin y al cabo, estáis poniendo vuestras vidas en manos de los demás.

Los días tienen una rutina y cada tripulante conoce su papel de arriba abajo. El 99 % del tiempo es tedioso y aburrido, pero luego hay momentos de acción intensa y subidones de adrenalina.

Como dijo el general George S. Patton: “Puede que las guerras se libren con armas, pero las ganan los hombres”. Es una afirmación sabia y profunda, pero para los carristas, el arma también era nuestro hogar. La cuidábamos y rezábamos para que velase por nosotros llegado el momento de la verdad.

Me despido con dos “leyes de Murphy sobre el combate”:

“Los vehículos blindados son imanes para balas, una trinchera móvil que llama la atención”.

“El mejor arma contra un carro de combate es otro carro de combate”.

 

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