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The_Challenger nos propone el concurso "Rogue Male"

Rogue Male es un libro inéditos sobre Geoffrey Gordon-Creed, un oficial de operaciones especiales británicas en la Segunda Guerra Mundial, que fue todo un personaje, dentro y fuera del campo de batalla. No os perdáis el extracto que os presentamos a continuación, con el que hemos preparado un concurso y en el que podréis ganar un póster de una batalla de tanques en la Guerra de las Malvinas, firmado por el artista y también el autor del libro.

 

Leed el siguiente extracto de ROGUE MALE (Hombre solitario) y responded a la pregunta que aparece al final para ganar.

Las reglas del concurso y las condiciones para participar también podéis encontrarlos al final:


Rogue Male contiene lenguaje violento y descripciones gráficas; por lo que no recomendamos su lectura a menores de 12 años.

 

CAPÍTULO 4
Los dioses del desierto

—Conductor …¡alto!
—Artillero... gire a la izquierda—. Esperar a que el artillero localice el objetivo. “¡Fijado!”.
—Tanque enemigo, distancia 800, 2 libras. ¡FUEGO!—. Observar detenidamente la trayectoria del proyectil.
—Disparo errado—. Realizar las correcciones necesarias para que el próximo proyectil impacte en el objetivo.
—Arriba 50… ¡FUEGO!—. Seguir el proyectil.
—¡Objetivo alcanzado! ¡FUEGO!—. Enviar al tanque enemigo un segundo proyectil para liquidarlo.
—Enemigo destruido. Conductor, avance—.

Estas chorradas eran más o menos la secuencia correcta de órdenes que un comandante de tanque debía dar a su artillero conforme a lo que le habían enseñado en la Escuela de Artillería de Lulworth, en la costa de Dorset, en 1940. Realmente me hubiera gustado ver a alguno de esos instructores de artillería expuestos a la guerra entre tanques en el Norte de África en 1941 y 1942.

Estoy convencido de que es muy diferente hoy en día, pero en los tiempos sobre los que estoy escribiendo, un comandante de tanque en el desierto dentro de uno de nuestros blindados, tenía bastantes más problemas con relación a su homólogo alemán. Es cierto que a menudo superábamos en número a nuestro enemigo en una proporción de 3 a 1, pero nuestras pérdidas eran siempre mayores en una proporción de 3 a 1. Y esto era debido a que en nuestros tanques nunca teníamos montado un cañón que valiera la pena. Nuestros cañones de 37 y 40 mm hacían frente a los alemanes y a sus armas de 55, 75 y 88 mm de calibre. Pistolas de juguete contra cañones de verdad. Y nuestro blindaje defensivo de 35 a 45 mm de grosor no tenía comparación con su coraza de 45 a 65 mm. Nuestros cañones podían penetrar el blindaje lateral, únicamente el blindaje lateral, de un tanque “medio” alemán Mark III a una distancia máxima de 700 metros (si era a 450 metros, mejor). Pero no podían penetrar su blindaje frontal.

 

Los cañones alemanes podían hacer agujeros en nuestros vehículos, por la parte frontal o por la lateral. Podían hacer lo mismo desde 700 metros y desde más de 900 metros con sus Panzers Mark III y IV. La cosa se ponía mucho más fea cuando sus cañones antitanque de 88 mm intervenían: podían atravesar un blindaje de 150 mm desde 1.800 metros y realizar entre 15 y 20 disparos en un minuto. El 88 mm alemán era un destructor de tanques. En pocas palabras, nos superaban por completo en armamento y en blindaje.

Afortunada o desafortunadamente, cuando llegamos a Egipto el 1 de octubre de 1941, desconocíamos estos hechos. Éramos la primera brigada equipada completamente con el nuevo y lustroso tanque Cruiser Mark VI. Teníamos grandes esperanzas sobre lo que podríamos lograr con estos tanques. 

No quisiera aburriros con los tediosos detalles de nuestra marcha de aproximación, pero en una fría tarde de noviembre (el 18 para ser más exactos), averiguamos que a nuestra brigada había sido designada para atacar a la división acorazada italiana Ariete la mañana siguiente, que nos doblaba en número y que estaba atrincherada cerca de Bir el Gubi. Recibimos instrucciones del oficial de inteligencia de brigada, quien nos dijo que el único tanque que podía ponernos en un aprieto era el Mark IV alemán. Pero no había porqué preocuparse, ya que solo había una veintena en el Norte de África. Los tanques Mark II y III alemanes y los M13 italianos no supondrían ningún problema.

¿Estaba nervioso e inquieto aquella noche? Desde luego que lo estaba. ¿Cómo me comportaría bajo fuego enemigo? ¿Terminaría muerto o, aún peor, lisiado? Pasé la noche despierto y lleno de preocupación. Por lo que recuerdo, no fue hasta las 9 de la mañana siguiente, después de que nos desplegaran en la línea de batalla, tres escuadrones delante y uno retrasado en la reserva, que el viejo Charles Birley, antiguo lancero del 17/21.º Regimiento y nuestro coronel, olvidando todo lo que se suponía que había aprendido sobre táctica de guerra moderna, alzó la voz. “Húsares Reales de Gloucestershire ―pregonó― el enemigo se encuentra ante vosotros. Lo atacaréis y lo destruiréis... ¡Cargad!”. Su voz se convirtió en un rugido. “¡CARGAD!”.

Ni una palabra, os habréis dado cuenta, sobre contra qué teníamos que cargar. ¿Tanques? ¿Cañones antitanques atrincherados? ¿Campos de minas? ¿Hasta dónde teníamos que ir y cuándo debíamos parar? Detalles sin relevancia, aunque, bien es cierto, de considerable importancia para nosotros. Así que... cargamos, y supongo que fue una escena llena de valentía.

Sin embargo, por aquellos días un comandante de tanque podía ver muy poco a través de su periscopio, y yo, al igual que el resto, cargaba con la cabeza asomada por fuera de la torreta para poder ver hacia dónde estaba yendo. 


Como se puede ver en este mapa de batalla, a medida que transcurría el día 11 de batalla, la ruta de la 2.ª Unidad de HRG parecía el recorrido de una araña desquiciada. Stuart Pitman, quien combatió junto con Geoff y dibujó este mapa, mientras me explicaba por qué parece tan confuso me dijo: "Aún así, no es nada comparado con la ofuscación que experimentamos en aquellos días".

 

No tardé en advertir las balas trazadoras de las ametralladoras que se precipitaban desde todos los ángulos, y me metí en la torreta; pero para entonces ya me habían herido levemente en la parte superior de la cabeza. Aún así, arengado por el coronel, seguí adelante y de repente me encontré con que había tanques enemigos por todos lados, docenas de ellos, que parecían estar a una corta distancia.

 

—Conductor… alto—. Solo recuerdo eso. Después: “Artillero, ¿puede verlos?
—Sí, señor.
—¡Entonces dispare!—. Destruyó a dos tanques al instante, dejó a otro humeando y cuando estaba a punto de darle el toque de gracia, hubo un estallido y mi tanque dio un violento bandazo hacia la izquierda. Llamé al conductor a través del intercomunicador. “¿Qué coño ha pasado?”.
—Creo que la cadena izquierda ha desaparecido, señor.
—Intenta mantenernos en movimiento o también nosotros desapareceremos.

Apenas había terminado de hablar cuando un proyectil de 50 mm atravesó la torreta con una terrible explosión. Atravesó el hombro de mi artillero, rebotó en el mecanismo de disparo de nuestro cañón de dos libras e hizo pedazos la espalda de mi cargador/operador de radio, que estaba encorvado tratando de coger otro proyectil. Una esquirla de metal de 7,5 cm se me clavó en el muslo, aunque no reparé en ella hasta pasadas unas horas, cuando intenté bajarme los pantalones. Un caos total y repentino, y nosotros estábamos sin intercomunicador dentro del tanque.

Cuando nos dispararon, la torreta estaba girada hacia las siete en punto y situada sobre las plataformas del motor, por lo que fuimos muy afortunados ya que había espacio suficiente entre la torreta y el compartimiento del conductor para que pudiera gritarle que dejara de dar vueltas y nos sacará de allí. Mientras estaba abajo, otro obús atravesó la parte superior de la torreta. Cogí una granada de mano y el botiquín de primeros auxilios, salté fuera del tanque y aterricé sobre la arena. Mi intención era escapar de la trampa mortal y después, de alguna forma, rescatar a mis dos hombres gravemente heridos.

 

Afuera, una vez con los pies en el suelo, el estruendo, el polvo y la confusión eran terribles. Un tanque italiano M13 medio destrozado pasó lentamente a unos 25 metros de mí, y su comandante, al verme allí tendido, cogió una granada y me la lanzó. No debió haber hecho eso. La granada explotó con un destello de luz y un estallido. Me dio un susto de muerte y me enfureció hasta tal punto que, cuando su tanque se caló unas pocos metros más adelante, no dudé en correr hacia él, saltar encima y dejar caer mi granada dentro de su torreta

Mi conductor, el soldado Parker y yo pasamos un mal rato intentando sacar al cargador y al artillero heridos. Lo conseguimos a base de administrarles inyecciones casi letales de morfina, y yo los curé lo mejor que pude hasta que apareció nuestro oficial médico y se los llevó. Sorprendentemente, ambos sobrevivieron. 

Un cabo de la Brigada de Rifleros enganchó a su Bren mi cadena rota, que yo había encontrado a unos 90 metros de donde nosotros habíamos terminado, y la remolcó hasta dejarla a unos pocos metros de l’Hirondelle. Murrow y yo pasamos la noche entera moviendo la puñetera cadena, eslabón a eslabón, hasta que conseguimos repararla y volver a montarla en las ruedas dentadas. Con las primeras luces, avanzamos con dificultad unos 15 km hacia el Este y, por suerte, nos encontramos con nuestra brigada.

Nuestra imprudente carga nos había costado 18 tanques.


 

¿Y ahora qué?Rogue Male

Esa era la descripción del día 1 de una batalla de tanques de 11 días. Al final de la batalla, cuando la 2.ª Unidad de Húsares Reales de Gloucestershire fue apartada de la columna, el regimiento había sido prácticamente destruido. El 24 de noviembre de 1941, en el día 7 de batalla, el diario de guerra del regimiento (publicado al final del libro) hacía constancia de que el regimiento entero contaba únicamente con cuatro tanques para combatir.

Sin embargo, con el material y los hombres nuevos que llegaban, la 2.ª Unidad de HRG fue reformada y dotada con tanques ligeros estadounidenses M3 Stuart. Conocidos como “Honeys”, se suponía que eran rápidos y fiables: pero Geoff no estaba de acuerdo. Armados con un minúsculo cañón de 37 mm y una fina armadura, no estaban a la altura de los Panzers alemanes, especialmente cuando en el día 1 de la siguiente batalla, entraron en acción sin visores. El resultado fue inevitable: la 2.ª Unidad de HRG fue prácticamente destruida por segunda vez.

Tras recibir nuevamente equipo y hombres frescos, volvieron a la carga por tercera vez en junio de 1942, en una serie de espectaculares batallas de tanques conocidas como “The Cauldron” (el caldero), en las que los británicos fueron superados tácticamente y en la batalla, y se vieron obligados a replegarse hacia El Alamein. La providencia hizo que Geoff se perdiera los dos últimos días, en los que la 2.ª Unidad de HRG fue diezmada por tercera y última vez. A partir de entonces no fueron reformados como regimiento.

Geoff se presentó voluntario para estar al mando de dos Honeys en la gran incursión llevada a cabo por el Servicio Aéreo Especial (SAS por sus siglas en inglés) en Bengasi. Su tarea consistió en atacara los destructores enemigos en el puerto: una auténtica misión suicida. Los Honeys no tardaron en averiarse (el SAS no volvió a emplear tanques en sus ataques aéreos), pero Geoff siguió adelante. Fue otro desastre, ya que los alemanes y los italianos les estaban esperando. 

Finalmente, Geoff se alistó al Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE por sus siglas en inglés) y combatió tras las líneas en Grecia, obteniendo la Orden del Servicio Distinguido "inmediata" (la segunda condecoración británica más alta) y una mención en la magnífica obra escrita por Winston Churchill La Segunda Guerra Mundial. Como de costumbre, Geoff había logrado lo imposible una vez más y había sobrevivido para contar su extraordinaria historia.

 

Biografía del autor

Roger Field se alistó en el Regimiento The Blues and Royals (caballería) en 1974 y se convirtió en líder de tropa, al mando de tres tanques Chieftain de 55 toneladas. En 1980, su regimiento fue dotado con los vehículos blindados de rodaje sobre orugas Scorpion y Scimitar (tanques ligeros que siguen siendo utilizados todavía hoy en Afganistán).

En 1982, dos tropas del Escuadrón B, The Blues and Royals, fueron enviadas a las Malvinas. Cada tropa constaba de dos Scorpion y dos Scimitar. El 13 de junio, Roger combatió con la 3.ª Tropa en la batalla de Wireless Ridge, en apoyo a la 2 PARA; una batalla en las que usaron casi toda su munición. Al día siguiente, la 3.ª Tropa y la 2 PARA lideraron el ataque a Port Stanley, derrotando a los argentinos.

Roger abandonó el ejército regular en 1983, y se alistó en The Royal Wiltshire Yeomanry (regimiento de caballería del ejército voluntario), equipado con automóviles blindados Fox. Finalmente, renunció a su cargo en 1988.

Ahora trabaja en el mundo de la edición y el derecho editorial, además de ser escritor y periodista; algunos de sus artículos recientes tratan sobre la compraventa de viejos cañones (a lo que él se ha dedicado) y el coleccionismo de armas y armaduras antiguas (a lo que él se dedica).

Actualmente está trabajando en otro libro sobre la Segunda Guerra Mundial...

 

Rogue Male está disponible en las mejores librerías y por descarga digital, incluyendo Kindle.

 

Concurso Rogue Male

Roger Field y Hodder & Stoughton, la editorial, nos han proporcionado amablemente los siguientes artículos para los jugadores de World of Tanks:

Un magnífico dibujo de gran tamaño y de edición limitada de Roger en acción en la batalla de Wireless Ridge en las Malvinas, dedicado al ganador (si así lo desea) y firmado por Roger y David Pentland, el autor. Se trata de un premio único y excepcional: el autor de Rogue Male firmará un dibujo de él mismo combatiendo en un Scimitar.  

La batalla de Wireless Ridge, Islas Malvinas, 13 de junio de 1982, por David Pentland.

Un copia firmada de Rogue Male (en inglés) junto con una postal (15 x 10,5 cm), firmada por Roger, con el dibujo anterior


Para tener la oportunidad de ganar, solo hay que responder a la siguiente pregunta:

Según Geoff Gordon-Creed, ¿cuántos tanques británicos Crusader eran necesarios para destruir un tanque de las Afrika Korps?” 


Normas

Enviad vuestras repuestas a firebasechallenger@wargaming.netAseguraos de que escribís Concurso Challenger Rogue Male en el encabezamiento del mensaje, si no, vuestra respuesta será nula. Los ganadores serán elegidos al azar. El primer nombre extraído con la respuesta correcta recibirá el dibujo, y el siguiente recibirá una copia firmada de Rogue Male y una postal con el dibujo firmada.

La fecha límite para participar es el viernes 5 de abril de 2013, y no se aceptarán más respuestas pasada esta fecha. Los ganadores recibirán una notificación antes del viernes 12 de abril de 2013.

La decisión de World of Tanks sobre quiénes son los ganadores será inapelable, y no mantendrá ninguna correspondencia con los participantes.

 

The_Challenger
“Fear Naught” 

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