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Orden de disparo

“FIn, tank, on” es una orden de disparo británica que debo haber dado miles de veces en el simulador o practicando en el campo de tiro, pero aquella vez la di contra un objetivo de verdad. El proyectil era un auténtico ABEACDS, no uno de fogueo o virtual, y el blanco era un T62 a unos 1.200 m justo enfrente. El resultado sería más que una explosión simulada en una pantalla o el destello tras impactar contra un objetivo acribillado, seguidos de un “bien hecho” del instructor.

 

 

Mientras daba la orden, rotaba la torreta para dirigir al artillero hacia el blanco o su dirección aproximada. En cuando lo identificó, informó “on” y se hizo cargo del tiro. 

 

El cargador se había puesto en marcha (con el cigarrillo aún en la boca) y el sudor ya le corría por la frente. Colocó el proyectil, preparó la carga, luego empujó el tubo antes de cerrar la recámara y tirar de la cubierta protectora, recogió otro proyectil, comprobó que el seguro del cargador estaba puesto y gritó “cargado”; todo ello en cuestión de segundos.

 

Las instrucciones se enseñan para asegurar una reacción instantánea a una orden habitual. Los carristas practicábamos mucho: meses en simuladores, meses de ejercicios sobre el movimiento del vehículo, reacción a órdenes del CG del GB (cuartel general del grupo de batalla), lectura de mapas, camuflaje, etc., hasta que al final aprendíamos cómo enfrentarnos a un carro. ¿Alguno de nosotros creía que algún día lo haríamos de verdad? Bueno, admito que la respuesta probablemente fuese negativa. Sin embargo, aquel día sofocante en el desierto, la cosa iba en serio.

Nada de pararse a pensar: el T62 ya estaba rotando hacia nosotros. Tenía una buena posición y estaba agazapado, ocultando el chasis perfectamente. Nosotros nos habíamos quedado expuestos, cruzando un gran banco de arena. Di al conductor la orden de banda izquierda”; teníamos que orientar el blindaje frontal de cara al enemigo.

Tras dar la orden de disparo, pulsé el botón de envío de mi radio y transmití lo siguiente: “Hola 0, aquí Whisky 10, contacto, esperad”.

 

Vi por mi periscopio empañado que los otros dos códigos, 11 y 12, se habían marchado de inmediato a izquierda y derecha para tratar de enfrentarse al enemigo desde el flanco. Era poco probable que el T62 estuviese solo; ¿dónde se encontrarían los demás?

El conductor tenía un amplio campo de visión ante sí y solía ser el primero en identificar los blancos. Sin embargo, esta vez estaba demasiado ocupado angulando el vehículo como para centrarse en algo más. No resultaba fácil maniobrar en aquel tipo de arena. Los mandos no respondían bien y te arriesgabas a perder una oruga, algo nefasto en aquel momento en concreto.

El artillero informó “a él”: había identificado al objetivo y ya estaba situando el centro de la retícula. A diferencia de lo que creen muchos, los carros de combate no son francotiradores. ¿Precisos? Y tanto, siempre y cuando el sistema de control de disparo funcione correctamente, pero a la trayectoria de los proyectiles le afecta la desviación, la alteración y la dispersión.

 

El T62 nos sacaba ventaja. Cuando lo observé por mi visor principal, vi claramente el destello de la boca y me percaté de que había disparado. “¡Hostia!”, (o algo así) dije.

El proyectil se estrelló a unos 200 metros y levantó una densa nube de arena. Puede que se hubiesen precipitado, o que no hubiesen apuntado correctamente, que hubieran calculado mal la distancia o se hubiese producido un fallo en su sistema… Al fin y al cabo, era un vehículo antiguo, pero siendo sincero, me daba igual.

“Fuego”. El artillero activó el láser y obtuvo la distancia. El cañón realizó los cálculos balísticos en cuestión de milisegundos y ajustó el ángulo; me fijé en la distancia: 1.240 metros. “Fuego”. Pulsó el botón y el olor de la cordita impregnó la torreta, luego llegó el sonido de la recámara que se abría para recibir el siguiente proyectil, el cual el cargador ya estaba preparando, y el destello cegador de la boca. Hay quien cree que el estampido del cañón es inmenso. Bueno, y así es para quien se encuentra fuera; en cambio, dentro de la torreta y usando protecciones y cascos, no es tan abrumador.

En el lugar del objetivo, vimos la imagen típica de un proyectil que alcanza el blanco (un gran destello): había sido un buen tiro. “Blanco”, dijo el artillero. El impacto había alcanzado el anillo de la torreta y estaba saliendo una gran columna de humo. La torreta entera estaba inclinada hacia un lado y estaba claro que había quedado inutilizada.

“Cargado”. El siguiente proyectil estaba listo en su sitio.

“Blanco, alto”, ordené. Era evidente que no haría falta disparar de nuevo: el enemigo había sido neutralizado y no había que excederse ni desperdiciar munición.

 

“Hola 0, aquí Whisky 10. Contacto a las 14.23, coordenada 347854. Un T62 agazapado. Encarado y destruido. Corto”.

La tripulación había reaccionado de forma impecable. La reacción había sido rápida y precisa: sin sobresaltos, ni retrasos ni errores. Con la práctica se alcanza la perfección, y es cierto. Se produjo un silencio en la torreta y no había señal de otros vehículos.

“¿Alguien quiere un té?”, preguntó el cargador mientras encendía un cigarrillo.

 

Esto es una obra de ficción utilizada para mostrar el proceso de una orden de disparo típica. Cualquier parecido con sucesos auténticos o personas reales vivas o fallecidas es pura coincidencia.

 

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