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Las llamas de la guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército británico y de la Commonwealth fue el que más utilizó los lanzallamas, y contaba con una gran colección de diseños e ideas. El máximo representante fue el Churchill Crocodile, uno de los mejores y más emblemáticos carros lanzallamas del conflicto. El Cuerpo de Marines de los EE. UU. fue el que más los usó, pero sus fuerzas eran mucho menos numerosas que las británicas y las de la Commonwealth. He aquí la historia del desarrollo de los carros lanzallamas británicos durante la Segunda Guerra Mundial y un análisis del temible Crocodile.

 

La primera chispa

Durante el período de entreguerras y el primer año de la Segunda Guerra Mundial, el ejército británico apenas se interesó por los lanzallamas: su corto alcance y las dificultades para transportar combustible provocaban rechazo. Sin embargo, todo esto cambió en 1940, tras Dunkirk. Ante la amenaza de una invasión, Gran Bretaña pasó a resistir con todos los medios a su disposición. Aunque cualquier invasión alemana estaría abocada al fracaso, la amenaza se tomó en serio y se deliberó sobre qué debía hacerse con las reservas de combustible británicas.

En 1939, el total era de unos 7 millones de toneladas. Para que comprendáis cuánto es, en 1941, incluso tras dos años de guerra total, aún quedaban 4,5 millones. Por eso nunca se oye hablar sobre problemas de suministro de combustible en el bando británico durante la batalla del Atlántico. Si la invasión de Alemania tuviese éxito, no había duda sobre lo que debería hacerse con aquellas reservas: los británicos tendrían que destruirlas. La solución lógica era que, en vez de deshacerse del combustible almacenado, sería mejor prenderle fuego y arrojarlo contra los alemanes.

Por tanto, el sur de Inglaterra se llenó de gasolina y se instalaron todo tipo de trampas flamígeras, fougasses y dispositivos incendiarios. Para que os hagáis una idea de la escala de estos preparativos, se elaboraron unas 50.000 trampas de un solo tipo. Eran tan prolíferas que los equipos de reparación de carreteras de Kent aún encuentran de vez en cuando algún barril oxidado lleno de combustible y con explosivos pegados. Incluso se instalaron unas temibles baterías flamígeras en algunas partes de la costa, que proyectarían una cortina de llamas hacia el mar próximo a las playas.

 

 

Cuando se crearon las baterías flamígeras, se planteó la idea de usar lanzallamas. Los primeros dos vehículos fueron camiones con depósitos de combustible, lanzallamas montados en la estructura y algo de blindaje. Durante una demostración, uno de aquellos modelos quemó por accidente los jardines del castillo de Leeds. El primer vehículo fabricado fue el Cockatrice. Se trataba de un camión Bedford o AEC 6x6 con un lanzallamas en una pequeña torreta. El Real Servicio Aéreo Naval solicitó 60 para proteger sus aeródromos. La RAF encargó otros seis.

 

 

El siguiente vehículo fue el Basilisk. Era un AEC Mk I Armoured Car con una torreta minúscula, armado con ametralladora y lanzallamas. Sin embargo, aquel vehículo no pasó de ser un prototipo.

Por aquel entonces, un oficial del ejército y un civil habían inventado un dispositivo que se podía fijar al Universal Carrier para proyectar llamas a corta distancia, a modo de barrera temporal. Aquel artefacto se conocía como Adey-Martin Drainpipe. Uno de los diseñadores de los primeros camiones lanzallamas empezó a desarrollar el diseño, que evolucionó hasta convertirse en el Ronson Carrier.

 

 

Poco después se desarrolló el Hornet Flamethrower, que estalló en llamas durante sus primeras pruebas en 1942. El diseño volvió a modificarse y se convirtió en el Wasp Universal Carrier. Como el montaje se podía realizar en el mismo campo de batalla, las fuerzas de infantería recibieron kits para crear los "Wasp". Esto dio lugar a que se realizasen conversiones interesantes, ya que los kits también se adaptaron a un Jeep y a un M29 Weasel. Hacia el final de la guerra, dos de ellos se instalaron oficialmente en un LVT-4, con lo que nació la Sea Serpent. Más adelante, este vehículo se denominó FV502. También hubo planes para crear versiones con lanzallamas del Centurion y la serie A45/FV200. Sin embargo, no salieron adelante y, después, el interés por las armas flamígeras se consumió.

 

La pregunta ardiente

Pero, ¿y los carros lanzallamas? En 1938, el Departamento de Guerra dictó una solicitud para disponer de un vehículo así. La idea inicial era usar un A12 Matilda Senior armado con un lanzallamas y tirando de un remolque de dos ruedas, pero no tuvo éxito.

En 1942, el gobierno británico volvió a interesarse por los carros lanzallamas. Así empezó el desarrollo del que surgió el Churchill Crocodile. El primer carro lanzallamas que se construyó fue un Churchill Mk II con dos Ronson montados en la parte delantera del chasis. Sin embargo, resultaba engorroso usar ambos, de modo que se limitaron a montar solo uno. El diseño final se denominó Churchill Oke. La única vez que se usaron estos carros fue en el desembarco de Dieppe, donde se desplegó una única tropa de ellos. Fue la primera vez que la Commonwealth los utilizó en combate, pero no llegaron a usar sus lanzallamas: uno se quedó sin oruga, otro se atascó al llegar a tierra y el último perdió el arma al desembarcar.

 

 

Entretanto, el desarrollo siguió adelante en el Reino Unido durante 1942. Se construyeron muchos vehículos de prueba, casi todos con carros Valentine, y la mayoría usaban remolque. El 23 de junio, el gobierno británico decidió que todos los carros lanzallamas deberían montarse sobre el chasis del Churchill.

 

 

En diciembre de 1942 se construyó el prototipo del Churchill Crocodile. Se trataba de un Churchill Mk II con un cañón de 2 libras, que llevaba un remolque de 6,5 toneladas con unos 1.500 litros de combustible. El prototipo tenía un lanzallamas y una ametralladora en una misma montura del chasis. La idea original era convertir los Churchill Mk IV en el modelo Crocodile, pero el diseño se mejoró y el carro que se convirtió fue el Mk VII. A su vez, se sustituyó el lanzallamas por el mismo modelo que usaba el Wasp Carrier y se retiró la ametralladora del chasis.

La producción fue limitada debido a la escasez de chasis de Mk VII. El primer regimiento de Crocodile se formó apenas diez semanas antes del Día D, que sería la primera vez que entrarían en combate. Aquella jornada, en la playa de Gold, tres Crocodile desembarcaron, pero curiosamente, un Churchill se quedó sin oruga, otro se atascó al llegar a tierra y el último cayó en un cráter. Aunque empezaron con mal pie, los Crocodile no tardaron en demostrar su valía.

 

El gran depredador

El 13 de junio, la división acorazada de élite alemana, la Panzer Lehr (equipada con Panther), estaba establecida entre Tilly-sur-Suelles y La Senaudière. Hubo una batalla encarnizada por toda la línea, incluyendo la contienda de Lingèvres. En La Senaudière, un batallón del Regimiento de Hampshire debía atacar la localidad con una tropa de Crocodile como apoyo. La 15.a Tropa del 141.er Real Cuerpo Acorazado fue la unidad de Crocodile elegida para atacar. La 15.a y la 16.a Tropa ya habían tenido mucha experiencia en Normandía: el Día D, un operador de radio de la 15.a Tropa había caído por la borda, pero la Marina Real logró recogerlo de milagro; la 16.a Tropa fue la que se atascó en la playa de Gold. Desde entonces, habían estado compartiendo los Crocodile entre dos pelotones.

 

 

Por algún motivo que se desconoce, los Crocodile no se reunieron en el punto acordado. Los tres Crocodile, observados por los de Hampshire, se lanzaron hacia la población creando una cortina de humo a su paso. Cuando dejaron atrás una casa, a menos de un cañón de distancia había un Panzer III. Dos de los Crocodile y el Panzer III abrieron fuego a la vez. El Panzer III falló y los dos proyectiles de los Crocodile rebotaron, ya que los carros no habían tenido tiempo para apuntar, debido a la velocidad y la proximidad del enemigo. Asombrado por los impactos, el Panzer III se retiró.

Tras la esquina de otra casa había un rival mucho más temible: un Panther. Los tres Crocodile habían llegado hasta la aldea. Por casualidad, el Panther solo era capaz de ver el remolque de uno de los británicos y enseguida disparó dos veces a bocajarro. Sin embargo, al contrario de lo que muchos creen y de lo que se imaginan en Hollywood, los depósitos de combustible para lanzallamas no arden ni explotan ante un impacto.

De repente, el Panther se vio enfrentándose a los otros dos Crocodile que habían salido de la cobertura que proporcionaba el humo. Uno de ellos disparó su cañón de 75 mm a bocajarro, pero el proyectil rebotó en el blindaje del Panther. El otro tuvo mucho más tino y usó el lanzallamas. El Panther acabó envuelto en llamas, con el arma proyectando 15 litros de combustible por segundo. El Panther quedó neutralizado de inmediato.

 

 

De repente, un disparo reventó una de las orugas del Crocodile: el Panzer III había vuelto, pero no logró disparar otra vez, porque lo destruyeron enseguida. Mientras los Crocodile continuaban avanzando hacia el pueblo, otro Panther les plantó cara y destruyó uno de ellos. Con casi toda la aldea destruida y un solo Crocodile totalmente operativo, la tropa se retiró. Unas horas después, los de Hampshire capturaron la devastada localidad.

 

La llama salvadora

Los Crocodile se utilizaron en toda Europa, incluso para apoyar a las tropas estadounidenses. El uso más impresionante que se les dio seguramente fuese para cruzar el río Senio, en Italia. En aquella operación se reunieron 28 Crocodile y 127 Wasp, que se repartieron cada 64 metros. Cuando empezó el desembarco, dispararon todos a la vez y el resultado fue espectacular: a lo largo del frente de 8 kilómetros, la División neozelandesa atacante no sufrió ni una sola baja.

Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, los Crocodile tuvieron un último cometido para sus lanzallamas, el que probablemente fuese su objetivo más digno: incinerar el campo de concentración de Bergen-Belsen.

 

 

El Churchill Crocodile entró en combate una vez más. Un escuadrón se destinó a Corea para participar en el conflicto. Nunca hubo oportunidad de usar los lanzallamas, y no tardaron en retirarse los kits Crocodile y en sustituir el cañón del chasis por una ametralladora. El Escuadrón C del 7.o Real Regimiento de Tanques luchó durante más de un año sin apenas recambios para sus Crocodile en un terreno difícil y exigente. Tras la Batalla del río Imjin, fue retirado del servicio.

La última anécdota de la historia del Crocodile es que una peculiar bestia apareció en Australia. En 1944, los australianos recibieron algunos Churchill para realizar pruebas. Al final de la guerra, contaban con 51 Churchill, tanto modelos Mk VII como Mk VIII. También tenían una gran cantidad de modelos Crocodile. Uno de ellos se montó en un Churchill Mk VIII, que ahora reside en el museo del Real Cuerpo Acorazado Australiano, en Puckapunyal.


The_Challenger echó un vistazo a las diversas facetas del Churchill hace un tiempo, incluido el Crocodile:

 


Referencias:
  • Churchill Crocodile Flamethrower, New Vanguard
  • Flame Thrower, Andrew Wilson
  • Entrevistas: David John Warren, oficial comandante de la Compañía C, 1.er Real Regimiento de Hampshire, 1944
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